Cuando Dios permite que se nos quite todo lo que tenemos.

 

¿Porque tenemos que esperar a que Dios nos quite todo lo que poseemos para entonces buscarle de todo nuestro corazón?

Nosotros los seres humanos, y aun nosotros los hijos de Dios, solemos pensar que las personas que están a nuestro alrededor como los familiares, los amigos, el esposo, la esposa, las cosas que poseemos como el trabajo, las casa, el carro, el dinero, la salud son nuestras. Y no nos detenemos a pensar que pasaría si no las tuviéramos.

Erramos cuando pensamos que las cosas que he mencionado anteriormente “son nuestras”.

Fallamos al no entender que nada de lo que tenemos es nuestro: solo somos administradores de las cosas que Dios ha permitido que tengamos. Nada es nuestro, ni aun nosotros mismos nos pertenecemos. Los creyentes hemos sido comprados por precio de sangre y pertenecemos al Señor, nosotros y todo lo que tenemos. Algún día hemos de dar cuentas al Señor de la mayordomía, es decir de la administración de lo que se nos ha confiado. El dinero, la salud, las emociones, el amor, nuestra familia, nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestro trabajo, las fuerzas, la inteligencia, el talento, etc. Todo nos ha sido dado por la mano generosa del Señor con el fin de que lo usemos para su gloria y honra, en el cumplimiento de sus propósitos aquí en la tierra.

La biblia nos dice que Job era un hombre justo, perdió todo lo que era suyo en un solo día: hijos, hijas prosperidad, ganado, siembras, salud, y aun más; su reputación. Desolado, confundido, y agobiado, este hombre de Dios tomo la decisión correcta al abandonarse en las manos de Dios, al dejar sus cargas, su dolor y su perdida en los brazos fuertes del Señor, dándonos un ejemplo eterno de la perspectiva bíblica de quienes somos y de a quien pertenece lo que tenemos.

Job reconoció que la fuente de todo lo que tenia era Dios, y también el destino y fin de las mismas.

“Jehová dio y Jehová quito”